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Una droga legal de uso recreativo (el Karmadol) nos permite acceder al recuerdo de nuestra última vida antes de reencarnarnos en el cuerpo actual. Esto altera la percepción que cada cual tiene de sí mismo, ya que carga con la mochila de los méritos o desméritos de su vida pasada, por lo que el pasado adquiere tal peso que en cierto modo se difuminan las fronteras del presente, y esa sociedad pasa a estar obsesionada por el pasado.

Alguna vez la crítica ha postulado series o modos de leer la literatura argentina a través de determinados ejes como, por ejemplo, la última dictadura o la guerra de Malvinas; dentro de la hipotética serie de “las novelas del 2001”, El grito, primera novela de Florencia Abbate, fue la primera en aparecer y acaso ocupe un lugar central.

La tragedia de Fidel Castro de João Cerqueira es una reescritura de esa Historia que en Latinoamérica conocemos bien, y en ese mundo de ficción historiográfica ya no importa si los personajes son contemporáneos o no, si la brecha abierta en la Historia Oficial es posible o imposible –algo a lo que José Saramago, el gran escritor portugués, ya nos tiene acostumbrados–; para leer esta novela se necesita asumir tácitamente ese contrato y estar preparado para lo imprevisible. El autor nos propone entrar en el juego de «hacer de cuenta» y en el «qué tal si» que generó su inspiración.

Desde siempre, la Patagonia goza del curioso prestigio de ser el territorio de las realizaciones. Irse “al Sur” equivale, aún hoy, para mucha gente, a mudarse a un lugar donde se concretan los sueños. Incluso si el sueño de uno es la abolición de la propiedad privada y para el vecino es estrictamente lo contrario. 

En Sed, la autora sesga las realidades que percibimos en su narrativa, y nos lleva a descubrir las torsiones de una verdad que nos elude constantemente.

Novela eslovena centrada en un personaje que vive, de manera oscura y pantanosa, una extraña y compleja situación que lo envuelve, conduciéndolo al delirio.

Toda ciudad desea que un novelista haga de esa ciudad el material de su literatura. Y toda ciudad, creo, quiere que nazca un Ítalo Calvino, o sea, un soñador que escriba la ciudad invisible de su memoria. La ciudad de Tucumán ya ha tenido su primer Italo Calvino y ya ha tenido su Joyce subtropical. Ese soñador ha sido Hugo Foguet.

Todos lo saben pero pocos lo admiten: las brujas existen. El protagonista de esta novela preferiría no admitirlo, pero ha tenido la mala suerte de caer víctima de un hechizo. El más cruel de los hechizos. Adolescente atolondrado y, a su manera, muy tierno, comete el error de maltratar a una chica en plena discoteca. Ella le advierte: “Soy la Bruja del Bosque, y cuando te cojas a alguien, ese mismo día te vas a caer muerto”. ¡El horror!, gritamos todos, ¿es posible tanta perversidad? Todo es posible en la adolescencia, territorio sombrío e impiadoso.

Un hombre, que se ha olvidado de todo, es encontrado por una caravana en el desierto de Gobi. Con la ayuda de un chamán intentará volver a recuperar su pasado, reconstruir su vida, y tratar de entender a ese nuevo hombre en el que se ha convertido. Para eso, será necesario recorrer el mundo hasta llegar a Argentina. Con los fragmentos de su memoria volverá a tejer las tramas de una identidad. Pero estos acontecimientos fantásticos serán maliciosamente alterados por una atroz realidad política, el recuerdo de los infiernos de la dictadura militar de los años setenta.

¿Quién mató a Tsun? ¿Por qué? Esas preguntas urgentes, en la mejor tradición del policial negro, hacen vibrar desde la primera hasta la última página de Chinardos. Pero a medida que avanzamos nos inquietan también otras preguntas: ¿cómo ponerle una camisa a un cadáver ya rígido? ¿Cómo castiga a los transgresores la mafia china en la Argentina? ¿Cómo se llevan los chinos con los gitanos? ¿Cómo suena un chino cuando dice en voz alta las palabras “Sos muy puta”? ¿Qué cosa es un otaku? ¿Y por qué los otaku usan seudónimo? ¿Cómo debe reaccionar un chino que se hace respetar cuando alguien lo llama “sandalia de paja”? y lo más importante de todo: ¿qué aspecto tiene Mar del Plata en abril?

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