Música y discurso

Música y discurso

Presentamos un adelanto de Música y discurso, trabajo que pone en evidencia que la relación música/discurso está siendo largamente transitada en América Latina por investigadores que abordan el tema desde diversas tradiciones, incluyendo la musicología, la etnomusicología, las ciencias sociales en general y la semiótica y el análisis del discurso en particular.

 

Presentación

Berenice Corti y Claudio Díaz (comp.)

Cuando en el año 2011 surgió en la lista electrónica de discusión de la Rama Latinoamericana de la Asociación Internacional de Estudios en Música Popular (IASPM-LA) una pregunta sobre los abordajes posibles para el análisis de la significación en la música, las opiniones de varios colegas mostraron cómo el campo de estudios en música(s) popular(es) y discurso está siendo largamente transitado por los investigadores de la región. También, que los puntos de partida y perspectivas podían ser tan diversos como las diferentes experiencias académicas de cada uno. Esto, tal vez, podría deberse a que la tradición teórica en música y discurso se ocupó histórica y mayoritariamente de la música académica y no de la popular.

Por otra parte, y a diferencia de lo que ocurre en otros campos de investigación, todavía no se ha erigido como hegemónica ninguna escuela teórica en particular.

El carácter interdisciplinario de la Rama Latinoamericana de la IASPM mostró también cómo es posible abordar el tema desde diversas tradiciones, incluyendo la musicología, la etnomusicología, las ciencias sociales en general y la semiótica y el análisis del discurso en particular. Todas ellas confluyen en la provisión de una caja de herramientas diversa y novedosa para el estudio de los fenómenos y prácticas musicales.

Fue así que para ponerse a trabajar en la publicación de este volumen, hubo solo un paso. De este germen que en un primer momento fue llevado adelante por Rubén López Cano y luego continuado por quienes firman esta introducción, hemos buscado desplegar un resultado doble. Por un lado, y a través de la convocatoria a los participantes de ese debate en la lista IASPM-LA, bucear en un primer mosaico de investigaciones realizadas en la región, relativas a este campo de estudios que vincula el discurso y las músicas. Por el otro, y a partir de la puesta en común de las perspectivas teóricas que circulan en el continente, profundizar la producción de conocimiento autónomo y localizado, un objetivo siempre deseable dadas las asimetrías del mercado mundial de conocimiento.

Oscar Hernández Salgar (Universidad Javeriana de Bogotá) nos propone un análisis de la producción discursiva y musical de la melancolía en la música andina colombiana urbana de la primera mitad del siglo XX, como parte de una perspectiva en donde los deseos, los afectos y las emociones actúan tanto como articuladores de música y discursos como de relaciones sociales de poder.

Julio Mendívil (Stiftung Universität Hildescheim) aborda el problema de la vastedad de las definiciones del vocablo “discurso” en los estudios de música a través del análisis pormenorizado del schläger alemán. Se trata éste de un género que si bien presenta una identidad profundamente heterogénea y esquiva a las categorías analíticas, puede ser comprendido como tal a partir del uso de determinados conceptos, estrategias y modalidades discursivas: es decir, como discurso.

Por su parte Alvaro Neder (Instituto Federal de Educação, Ciência e Tecnologia do Rio de Janeiro / IFRJ), siguiendo a Julia Kristeva y su perspectiva en discurso y psicoanálisis, propone una teoría del discurso musical en la que ciertos tipos de música pueden construir y diseminar transformaciones sociales radicales. Su texto se basa en un trabajo etnográfico con ex militantes de las décadas de 1960 e 1970 y la experiencia de éstos con los discursos musicales recíprocamente contradictorios de la mpb y el movimiento conocido como Tropicália.

El trabajo de Juan Francisco Sans (Universidad Central de Venezuela) explora las posibilidades que ofrecen los estudios del discurso para dar respuestas a algunos de los problemas de la musicología actual, proponiendo el desarrollo de una teoría de “actos de música”, así como el análisis multimodal o el análisis crítico del discurso. Se trata en este caso de un texto con un fuerte énfasis en el debate conceptual.

El músico y musicoterapeuta Gustavo Rodríguez Espada (Investigador en arte y salud, Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires) nos presenta una mirada completamente diferencial a partir de la cual se exploran las posibilidades, potencialidades y aplicaciones concretas de la música como discurso operacionalizable, desde un paradigma estético en Salud a favor del cual intervenir.

Para Berenice Corti (Instituto de Investigación en Etnomusicología de Buenos Aires), por su parte, la identificación de discursos sociales sobre el jazz argentino sirvió de puntapié para sugerir qué otras prácticas discursivas intervienen en los fenómenos musicales a partir de este caso en particular, para luego proponer una vía de acceso y análisis desde la sociosemiótica aplicada a discursos musicales y no musicales en la música.

Por último –pero no en última instancia– Claudio Díaz (Universidad de Córdoba) presenta un estudio del disco Taquetuyoj del Dúo Coplanacu (2008) mediante un enfoque sociodiscursivo, preguntándose por el sentido de los enunciados desplegados en el álbum desde el lugar del agente social que lo produce, y en el marco de su sistema de relaciones específico.

Como puede verse, los trabajos que integran este volumen abordan una amplia diversidad de fenómenos musicales, situados, además, en diferentes momentos y espacios culturales no sólo de nuestro continente. Así, Berenice Corti aborda el jazz practicado en Buenos Aires; Juan Francisco Sánz reflexiona sobre el crecimiento de la cantidad de orquestas sinfónicas y el correlativo abandono del repertorio sinfónico nacional en Venezuela; Alvaro Neder centra sus reflexiones en la recepción de la mpb y el Tropicalismo en Brasil; Julio Mendívil analiza el fenómeno del Sclächer en Alemania; Oscar Hernández Salgar trabaja sobre características específicas del bambuco bogotano en un momento determinado de su desarrollo; Claudio Díaz aborda un disco contemporáneo del folklore producido en Córdoba, Argentina; y Gustavo Rodríguez Espada aborda la música desde el marco de la musicoterapia.

Pero no sólo se trata del abordaje de fenómenos distintos, sino también de una variedad de conceptualizaciones de los fenómenos discursivos fundadas en enfoques teóricos diferentes. Desde el Análisis Crítico del Discurso a la manera de Van Dijk a la semiótica posestructuralista de Kristeva; de la conceptualización Foucoultiana de la formaciones discursivas, a la discursividad social entendida en términos de Eliseo Verón; del análisis de los discursos entendidos, con Bourdieu, como prácticas sociales condicionadas, a las articulaciones políticas del discurso pensadas desde Laclau y Mouffe.

En todos los trabajos, sin embargo, es posible encontrar un rasgo común: en las diferentes teorías del discurso se buscan conceptos y herramientas que ayuden a pensar la cuestión de la producción del sentido en la música, especialmente en las músicas populares. Más específicamente, hay una búsqueda común en una tradición teórica que posibilita pensar la cuestión del sentido en las articulaciones de la “obra” con el conjunto de las relaciones sociales en el marco de las cuales es producida y consumida. Es decir pensar las músicas populares en términos de discurso puede ser una manera de salir de los callejones sin salida a los que conducen los análisis puramente formales e inmanentes.

En palabra de Juan Franciso Sánz:

Sin dejar de considerar la importancia de examinar los niveles más pequeños de la segmentación textual (fonemas, morfemas, palabras, oraciones y enunciados), una de las características de los estudios del discurso es que su objeto de investigación propone sobrepasar estos límites para tomar a los propios textos dentro de sus contextos de uso como unidades de análisis. Interesa entonces no sólo dar cuenta de los textos en tanto tales, sino fundamentalmente de su dimensión social, esto es, de los usos y efectos de los textos en la sociedad.1

Es que, justamente, más allá de sus muchas divergencias, los diferentes autores coinciden en que el nivel propiamente discursivo necesariamente trasciende la descripción interna ya sea de los textos (sus características léxicas, sintácticas o semánticas, los distintos niveles de su organización, etc.), de las músicas (sus estructuras armónicas, melódicas o rítmicas, la orquestación, la tímbrica, etc.) o de la relación entre ambos en el caso de una canción. Más aún, en una perspectiva discursiva tampoco alcanza (aunque sea importante y necesaria) la ampliación de los procedimientos descriptivos que permiten abordar distintos aspectos de la sonoridad. Hay importantes elementos de sentido que se materializan en la performance, en un marco de relaciones sociales que excede cualquier descripción inmanente.

Más allá de las divergencias en cuanto a los límites de lo discursivo (¿puede tratarse lo estrictamente musical/sonoro como discurso?) hay una convergencia en cuanto a la convicción de que estudiar una obra (canción, disco, o como quiera que se defina) implica ponerla en relación con algo que está fuera de ella, porque es en esa relación y sólo en ella donde se articula eso que podemos llamar “sentido”.

Los estudios del discurso aportan, justamente, las herramientas conceptuales para pensar esa articulación sin caer en las viejas teorías del reflejo o las homologías, y sin ceder a la tentación fácil de encontrar simples “determinaciones” externas (económicas, políticas, sociales) que eximen al analista del examen de la obra musical en cuanto tal.

Ahora bien, en esa articulación con un conjunto de relaciones sociales, como quiera que sean pensadas, se hace evidente, y eso es otro punto de coincidencia en los diferentes trabajos, la necesidad de analizar las músicas populares teniendo en cuenta la dimensión del poder. Si algo caracteriza las diferentes matrices teóricas en las que se fundan los análisis aquí presen- tados, es la consideración de los discursos como un aspecto central de las disputas por el poder. Foucault (2002) pensaba el discurso como “...un bien que plantea (...) desde su existencia (y no simplemente en sus “aplicacionesprácticas”) la cuestión del poder; un bien que es, por naturaleza, el objeto de una lucha, y de una lucha política”.2

Es esa politicidad que tiene que ver con los condicionamientos complejos y heterogéneos de las producciones discursivas en la producción, pero también con los efectos (también complejos y heterogéneos) en recepción, lo que emerge cuando se interroga las músicas populares en términos de discurso. Y ese es, tal vez, el desafío más interesante que proponen los trabajos que presentamos a continuación.

 

1 - Pág. 108 en este mismo volumen.

2-  Foucault, M. La arqueología del saber. Buenos Aires, México: Siglo xxi. (2002). Pág. 204.

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